Demonios de Pandemia

Lara tuvo otro espacio para expresarse hace más de una década.  Eran tiempos diferentes y por ende los contenidos publicados también lo eran.  La mayoría giraba en torno a los demonios de Lara, a esos que todos tenemos pero que no cualquiera se atreve a confrontar.  A Lara no le gusta la gente que no enfrenta sus demonios, le parecen seres tibios, mediocres.

Uno de tantos demonios de Lara sigue presente y muy probablemente lo estará por el resto de sus días, pero no es seguro porque hoy se sabe que lo único seguro en esta vida es la muerte.  La muerte, esa que se volvió casi una súplica en otro momento, cuando Lara no encontraba consuelo en nada ni en nadie, cuando todo dolía, hasta la posibilidad de dejar el dolor. Ahora que la pandemia abrió puertas y ventanas al fin de los días de tanta gente, Lara ha pasado muchas horas lamentando haberla deseado, incluso añorado.

Este demonio, viejo conocido de Lara, se cuela con frecuencia por las madrugadas hasta su cama.  Tiene una particular habilidad para acurrucarse entre sus sábanas. Sabe que no es bienvenido pero sabe también que Lara aún no encuentra la manera de deshacerse de él; conoce su debilidad y se aprovecha… ¡despiadado depredador! Algún día, pronto quizá, las mismas sábanas serán su mortaja.

Este y los otros demonios estaban acostumbrados a convivir en todos los espacios de Lara y ahora están desconcertados, no saben que Lara ya no está donde le conocieron, donde era presa fácil de sus encantos.  Siguen susurrándole al oído sus viejas artimañas pero ella ya no los escucha, al menos no como antes, ahora logra engañarlos y hacerles creer que está poniendo atención. Pobres! Si supieran lo insignificantes que son ahora! 

Y aun así, habiéndoles quitado casi todo el poder que tenían, siguen apareciendo; son como serpientes que se acercan silenciosas para intentar lanzar el veneno acumulado.  Cuando lo logran, Lara pierde el equilibrio y se ve obligada a desatender lo importante, lo urgente.  Entonces llega el cansancio propio de luchar contra los conocidos molinos del Quijote y debe pasar un tiempo para recobrar fuerza y volver a éste, su refugio, su trinchera.  Porque de eso va Recuerpando a Lara: de lograr situarse en donde no hay tiempo, ni espacio… ni demonios.

Insomnio Dorado

El insomnio ha sido compañero entrañable de la vida de Lara, desde… ya no se acuerda. Hoy, 3 de mayo del 2021, después de varias noches de haber visitado a Morfeo apenas 3 o 4 horas por noche, el cuerpo de Lara reclamó. Necesitaba con urgencia descansar, se sentía desfallecer conforme avanzaba su jornada. Logró una siesta de poco más de una hora antes de participar en su acostumbrada reunión terapéutica grupal que zoom le ha llevado a casa a raíz de la pandemia.

Lara estaba inquieta, como cuando la vida le avisa a través de su estómago que algo nada bueno está por suceder… un temblor? Quizá, pensó. Una hora después estaba viendo la noticia del accidente en la estación Olivos de la Línea 12 del metro de la Ciudad de México. El estómago dolió, pero se sintió más en el pecho, ahí donde duele la ausencia, la impotencia, el dolor del otro.

Cuánta gente vendría dormida? Lara siempre piensa en lo cansada que va su gente en el transporte público. No importa la hora, siempre puedes encontrar a quien va dormido, o por lo menos cabeceando. Pensó en los niños de los vagones caídos, en sus papás agonizando en cuerpo, o en alma por no encontrarlos.

Entonces alcanzó a oler ese peculiar aroma a desolación que deja un terremoto, como en el 85 y en 2017. Aún confinada, Lara escuchaba las sirenas de las ambulancias e imaginaba quién iría en ellas… alguna madre soltera que recién se había cambiado los tacones para llegar a casa agotada tras una jornada de más de 10 horas al otro lado de la ciudad… Albañiles tras celebrar su día, la Santa Cruz… mexicanos jodidos pues, que no llegarán a casa esta noche y tal vez nunca más.

El insomnio de hoy es distinto, Lara ha quedado impactada al ver como la gente está ayudando: allá en el accidente a sacar heridos y acá en los hogares compartiendo nombres, edades, rostros y hasta colores de zapatos para localizar a familiares de los heridos. Gente ofreciendo “aventones” para quienes no han podido acercarse a casa a descansar después de la tragedia o para acompañarse mañana en el trayecto ante la evidente falta del transporte que habrá mañana…

Lara hoy tampoco duerme, como no duermen los cientos de familias de los 15 muertos reportados o de los 70 heridos confesados por las autoridades, a las que por cierto, Lara ya no les cree nada. El sueño no llega, como no llegará Laura o Juan, o Patricia mañana a trabajar, solo porque viajaban en metro. Lara maldice; recuerda que “La línea Dorada” tuvo fallas desde siempre, que el gobierno de la ciudad no hizo caso de los reportes de los daños evidentes de las estructuras que soportan los elevados… pinche insomnio, pinche accidente, pinche… pinche México, como duele!