Sueño de mayo en acuarela (2009)

Tanto te imaginé, tanto te anhelé, fue tanto lo que te esperé, que Dios en su infinita misericordia me otorgó en préstamo el papel y lápiz con que El da forma a lo invisible, lo inaudible, lo imposible… Fue así que te inventé.
Hice, sin saber dibujar, el retrato perfecto de quien siempre quise que fueras, y te añadí segundo a segundo todas las formas que había soñado. Naciste entonces para trasladarnos juntos a esa realidad alterna en que se logra alcanzar (o acariciar al menos) eso que llaman felicidad. Hoy sé que por eso pude amarte sin necesidad del tacto, del olfato, de ningún sentido, incluyendo el sentido común que fue, finalmente, el que más falta hizo. 
Adoptaste la figura exacta que mi alma requería. Tu abrazo nunca fue interrumpido porque hasta tus brazos fueron producto de la inmensa necesidad que tenía. Tus besos llegaron uno a uno, sin necesidad de que nuestros labios se rozaran y tus palabras las alcancé siempre claras, porque no fueron mis oídos los que escuchaban, sino el alma sedienta de sentires hasta entonces desconocidos. Por eso hicimos el amor, porque el amor nos hizo, te hizo… 
Nuestros maravillosos encuentros en la intimidad son ahora incomparables, porque ninguna realidad se acercó ni llegará siquiera a parecerse a lo que juntos vivenciamos… no puedo (incluso hasta hoy) dejar de temblar al recordar tus palabras, la forma en que guiabas mi mano -que era en realidad la tuya- la que me llevó a sentir lo impensable… la maravilla de la pasión tanto tiempo contenida y que gracias a ti pude sentir como un volcán haciendo erupción tras milenios de permanecer en calma. 
Por todo eso fue que llegué a escuchar acordes inexistentes, sonidos provenientes de la irrealidad donde tú y yo nos amamos y que con tu encanto lograste que me transportaran al infinito, a donde nadie escucha nada, excepto los amantes; los navegantes del vacío que escuchan, ven y sienten con los otros sentidos, los que el Jardinero Supremo colocó en el alma, o quizá en la sinrazón… esas notas que llevaré por siempre impregnadas como el aroma tuyo que nunca conocí, pero que identificaría aún en el espacio donde habita lo que no tiene vida. 
Sin embargo, olvidé que te había inventado; y llegó inevitablemente el momento en que Dios me recordó que además de papel y lápiz, me había enviado el borrador. Y tuve que hacerlo, borrar uno a uno los atributos de los que te había dotado, cada sonrisa, cada mirada… cada silencio. Y en silencio quedé al borrarte, dejé de escuchar incluso la voz de mi Padre diciendo: todo estará bien Lara, el tiempo borrará también el dolor que hoy sientes por haber perdido la imagen de lo que tú y solo tú creaste… de ese amor indestructible que fue eso, un sueño que te permití vivir. 
Así que después de días de no conseguir un renglón, logré hoy estas líneas… para reconocer que sólo lo real, lo que es producto de la cordura, puede disfrutarse. Y tú, tú no lo eras… pero ¡qué maravilloso fue soñarte!… dejar de anhelarte.  

Demonios de Pandemia

Lara tuvo otro espacio para expresarse hace más de una década.  Eran tiempos diferentes y por ende los contenidos publicados también lo eran.  La mayoría giraba en torno a los demonios de Lara, a esos que todos tenemos pero que no cualquiera se atreve a confrontar.  A Lara no le gusta la gente que no enfrenta sus demonios, le parecen seres tibios, mediocres.

Uno de tantos demonios de Lara sigue presente y muy probablemente lo estará por el resto de sus días, pero no es seguro porque hoy se sabe que lo único seguro en esta vida es la muerte.  La muerte, esa que se volvió casi una súplica en otro momento, cuando Lara no encontraba consuelo en nada ni en nadie, cuando todo dolía, hasta la posibilidad de dejar el dolor. Ahora que la pandemia abrió puertas y ventanas al fin de los días de tanta gente, Lara ha pasado muchas horas lamentando haberla deseado, incluso añorado.

Este demonio, viejo conocido de Lara, se cuela con frecuencia por las madrugadas hasta su cama.  Tiene una particular habilidad para acurrucarse entre sus sábanas. Sabe que no es bienvenido pero sabe también que Lara aún no encuentra la manera de deshacerse de él; conoce su debilidad y se aprovecha… ¡despiadado depredador! Algún día, pronto quizá, las mismas sábanas serán su mortaja.

Este y los otros demonios estaban acostumbrados a convivir en todos los espacios de Lara y ahora están desconcertados, no saben que Lara ya no está donde le conocieron, donde era presa fácil de sus encantos.  Siguen susurrándole al oído sus viejas artimañas pero ella ya no los escucha, al menos no como antes, ahora logra engañarlos y hacerles creer que está poniendo atención. Pobres! Si supieran lo insignificantes que son ahora! 

Y aun así, habiéndoles quitado casi todo el poder que tenían, siguen apareciendo; son como serpientes que se acercan silenciosas para intentar lanzar el veneno acumulado.  Cuando lo logran, Lara pierde el equilibrio y se ve obligada a desatender lo importante, lo urgente.  Entonces llega el cansancio propio de luchar contra los conocidos molinos del Quijote y debe pasar un tiempo para recobrar fuerza y volver a éste, su refugio, su trinchera.  Porque de eso va Recuerpando a Lara: de lograr situarse en donde no hay tiempo, ni espacio… ni demonios.

Insomnio Dorado

El insomnio ha sido compañero entrañable de la vida de Lara, desde… ya no se acuerda. Hoy, 3 de mayo del 2021, después de varias noches de haber visitado a Morfeo apenas 3 o 4 horas por noche, el cuerpo de Lara reclamó. Necesitaba con urgencia descansar, se sentía desfallecer conforme avanzaba su jornada. Logró una siesta de poco más de una hora antes de participar en su acostumbrada reunión terapéutica grupal que zoom le ha llevado a casa a raíz de la pandemia.

Lara estaba inquieta, como cuando la vida le avisa a través de su estómago que algo nada bueno está por suceder… un temblor? Quizá, pensó. Una hora después estaba viendo la noticia del accidente en la estación Olivos de la Línea 12 del metro de la Ciudad de México. El estómago dolió, pero se sintió más en el pecho, ahí donde duele la ausencia, la impotencia, el dolor del otro.

Cuánta gente vendría dormida? Lara siempre piensa en lo cansada que va su gente en el transporte público. No importa la hora, siempre puedes encontrar a quien va dormido, o por lo menos cabeceando. Pensó en los niños de los vagones caídos, en sus papás agonizando en cuerpo, o en alma por no encontrarlos.

Entonces alcanzó a oler ese peculiar aroma a desolación que deja un terremoto, como en el 85 y en 2017. Aún confinada, Lara escuchaba las sirenas de las ambulancias e imaginaba quién iría en ellas… alguna madre soltera que recién se había cambiado los tacones para llegar a casa agotada tras una jornada de más de 10 horas al otro lado de la ciudad… Albañiles tras celebrar su día, la Santa Cruz… mexicanos jodidos pues, que no llegarán a casa esta noche y tal vez nunca más.

El insomnio de hoy es distinto, Lara ha quedado impactada al ver como la gente está ayudando: allá en el accidente a sacar heridos y acá en los hogares compartiendo nombres, edades, rostros y hasta colores de zapatos para localizar a familiares de los heridos. Gente ofreciendo “aventones” para quienes no han podido acercarse a casa a descansar después de la tragedia o para acompañarse mañana en el trayecto ante la evidente falta del transporte que habrá mañana…

Lara hoy tampoco duerme, como no duermen los cientos de familias de los 15 muertos reportados o de los 70 heridos confesados por las autoridades, a las que por cierto, Lara ya no les cree nada. El sueño no llega, como no llegará Laura o Juan, o Patricia mañana a trabajar, solo porque viajaban en metro. Lara maldice; recuerda que “La línea Dorada” tuvo fallas desde siempre, que el gobierno de la ciudad no hizo caso de los reportes de los daños evidentes de las estructuras que soportan los elevados… pinche insomnio, pinche accidente, pinche… pinche México, como duele!