Confesión de un crimen

Por ti he pecado. Me convertí en ladrona…

Imploro perdón y pido se ofrezcan de parte mía disculpas a quien(es) mi crimen haya afectado, pero fue inevitable. No, no estoy delirando… mi confesión es real, tan cierta como el amor que te profeso.

Quizá no te hayas dado cuenta, pero hoy debes saberlo de mis propios labios, de estos labios que extrañan tu cercanía y que anhelan de una forma casi corrupta el momento en que los tuyos se distraigan para volver a cubrirte con todo lo que para ti he reservado.

Sí amor, ladrona, en eso me convertí por ti. Mas no se atreva nadie a culparte de mi atentado pues fue solo el tiempo quien me orilló a cometer semejante delito; el tiempo que pasó lenta y dolorosamente antes de encontrarte. Dios, mi Jardinero Supremo es testigo de lo que aquí confieso… Él, que permitió que este amor naciera y quien lo ha protegido de mucho, incluso de ti y de mí -sobre todo de mí, porque ladrona soy-.

Sé que me perdonarás, como lo hiciste cuando la razón se extravió, cuando estuve lejos de ti, de mí, del resto… cuando acaricié la locura y estúpidamente intenté alejarte de mi lado. Después supe que nunca te fuiste y lo agradezco, lo agradezco enormemente cada día, a Dios y a ti. Si perdonaste eso amor, perdonarás ahora este atrevimiento mío que me convierte en salteador… como el rapaz aquel que los dos conocemos y que tanto daño nos hizo.

He robado vida, y lo he hecho sin temor a condena ni castigo alguno, porque… ha valido tanto la pena! Lo que yo tengo ahora, producto del hurto, es un tesoro que carece de cuantía; se trata de algo tan valioso que a pesar de ser de tu propiedad, quizás ni tú mismo hayas dedicado tantas horas y tanto empeño en admirarlo como yo. Mi tesoro, aunque robado, mantiene su brillo y su color impecables. Su naturaleza pulcra no se empaña ni siquiera al habitar en manos de esta extraña, de esta intrusa que llegó a tu vida para rescatar la propia porque, gracias a este crimen, es ahora que puedo ver dentro de mi, a través de ti.

Por eso, sin reserva ni temor ahora lo confieso: me convertí en ladrona, por ti he pecado…

¿Lo hurtado?… Tu mirada.

Lo sé…

Te sientes extraviada, lo sé. He estado en esa “ninguna parte” donde crees estar, donde solo hay tinieblas y un frío que cala hasta la médula y te hace tiritar y llorar, arrojar lágrimas que no brotan y gritos que nadie parece escuchar. Lo sé, tienes miedo, de pronto tu corazón late a un ritmo inexplicable y sientes que el oxígeno fue hurtado; intentas levantarte pero la oscuridad te impide saber si lo lograrás y entonces, con el cuerpo dolorido, decides permanecer inmóvil.

No hay silencio, ahí donde crees que te has perdido hay voces que no paran; unas que aparecen como viejas conocidas y otras nuevas cuyo lenguaje a veces comprendes pero no del todo, como si susurraran en un idioma ajeno al tuyo, al mío, al de todos y de nadie. Porque así se siente cierto? Que respiras un aire desconocido, pesado y asfixiante. Y entonces el miedo se vuelve pánico y paraliza, ruegas caer en los brazos de Morfeo y permanecer ahí sin fecha de retorno. Pero Morfeo duerme, o está distraído, no sabe de súplicas -o no quiere saber- .

Cada minuto de cada hora, de cada día, resulta un desafío que no crees que sea posible superar. Sí amor mío, te sientes extraviada, lo sé.  Habitando en el no me acuerdo, extrañando el todavía y sin posibilidad alguna de vislumbrar el ojalá. No solo es triste y aterrador, es sobre todo desgastante, por eso te sientes exhausta además de extraviada…pero no lo estás.

Todo en la vida, absolutamente todo, tiene fecha de caducidad.  Aunque ahora parezca que la vida se detuvo, o que pasa demasiado a prisa frente a ti, te pido por favor que confíes en mí. Otras veces lo has hecho, así que voltea a tu álbum de imágenes del corazón y rescata una, la que más refleje algún estado similar a éste que atraviesas y obsérvala detenidamente… me ves? También entonces estuve ahí, junto a ti.  Ayer como ahora, como siempre.

Cierra los ojos y sostén esa imagen, apriétala fuerte contra tu pecho, cerca del corazón.  Poco a poco sentirás cómo tu pulso comienza a descender y podrás entonces estirar los brazos, justo a la altura donde los míos te esperan para demostrarte que esa nada donde crees estar es un espejismo, un malvado truco de la sin razón que a veces se adueña de la serenidad, de la luz, del amor y lo que llamamos fe.

Sé que duele, pero no permitas que eso te detenga, confía en mi como ayer, como siempre.   Y muy pronto, ya verás, tus dedos se entrelazarán con los míos y con la fuerza infinita del amor que te profeso, lograré sostenerte y juntas, saldremos de ahí, donde te crees extraviada.  Secaré entonces tu carita de las lágrimas que nadie ve, echaré mano de la paleta de colores que al nacer me regalaste y con todo lo que nuestro es, dibujaré el laberinto cuya salida hoy conozco y comenzaremos – quizá lentamente – a descubrir la ruta que devuelve a la luz.

Así que no temas princesa, piensa en el mar y en la tinta que en la piel te espera… será el regalo perfecto para tatuarte en el alma el recuerdo de este extravío, que aunque lo sientas, no es. Porque te amo, lo sé.

Algo prestado, me gustó…Ha vuelto!! …. Esta vez…

Ha vuelto de nuevo!! De repente… sin avisar…     Imponiendo su autoridad!! … y esta vez, con más fuerza!! No se piensa marchar sin su RECOMPENSA. Trae consigo a las sombras, con las que he de lidiar. De nuevo otra batalla… De nuevo terror… Pánico… Miedo… Inseguridad!! Por qué vuelve AHORA?? Qué busca?? Qué quiere??… No tengo nada que dar!! […]

Ha vuelto!! …. Esta vez…

Era Santa también

Era Santa como ahora, la semana aquella en que feliz recibí el esférico regalo que llevaba la firma de quien había ganado la partida.

Era Santo como ahora, aunque abril y no marzo, el fin de semana que abracé tu triunfo, que se convirtió en festejo – con otros, como siempre- y emborrachó al amor que se volvió secreto.

Es Santo ahora, el jueves que espera lo que no se debió y no llegará. Porque los secretos no se festejan y no hay más borrachos que pretendan ser Santos, como antes, con los otros.

El por mientras se queda para siempre…

Le gustaba tanto el color morado que aquel día, cuando sus quereres se reunieron para decirle adiós, fueron convocados a vestir alguna prenda de ese color.  Fue una ceremonia linda, diferente, muy emotiva.  

Era un personaje peculiar, gozaba de un azabache sentido del humor.  Sus constantes sarcasmos a veces incomodaban a quienes no le conocían cabalmente, pero a la gente amada como Lara, terminaban por agradarles porque eran parte de su maravillosa y extraña forma de ser -y de amar-

Amante apasionado del golf, acompañó la crianza de 3 bellezas a la distancia. Ellas radicaron desde muy temprana edad fuera del país, luego de que su madre contrajera segundas nupcias.  Por supuesto estuvieron ahí, el día que la parroquia se pintó de morado y fue la segunda de las tres quien avisó a Lara que el día había llegado.  El día en que aquellos expresivos ojos verdes vieron la luz por última vez.

Entrar a su estudio resultaba toda una aventura: tres paredes de la habitación abarrotadas de DVD’s con películas de multitud de géneros e idiomas. Estaban ordenadas alfabéticamente y pobre de quien se atreviera a tomar una y no colocarla nuevamente en su lugar, o que osara intentar poner orden en aquel escritorio repleto de periódicos, facturas por pagar de luz, teléfono y agua, apiladas sobre uno que otro libro a medio leer.  Todo un caos de papeles que jamás careció de bolígrafos, lápices y hasta plumones morados, color que le acompañará por siempre debajo del árbol donde plantaron flores sobre sus cenizas.

Taurino y terco, un glotón tierno y bondadoso.  Obsesivo y de idas fijas como pocos: almacenaba buen número de barras de un jabón neutro que le traían del extranjero porque “esa marca había usado siempre”.  Resentido con todo lo que tuviera que ver con Slim, al grado de no emplear los servicios de telefonía móvil del magnate, a pesar de tener que pagar doble o triple por adquirirlo mediante otro proveedor.  Tenía de corajudo y gruñón lo mismo que de alegre y coqueto. No cambiaba fácilmente de parecer y prefería la soledad cuando se trataba de elegir.

Español como idioma nativo, inglés y alemán aprendidos.  Detestaba las mangas largas aún cuando hubiera necesidad de corbata.  Trajes o sacos, impensables. Extraordinario corrector de estilo y ávido lector.  Opera como preferida, sobre todo al despertar, cuando el sol daba de lleno en su dormitorio porque jamás aceptó que la ventanas debían cubrirse y que el agua caliente importaba.

Poco más de cinco lustros no fueron suficientes para que Lara conociera la totalidad de su cara, barba y bigote le acompañaron siempre… “todo lo que tapa, ayuda” solía decir. Odiaba el olor a cigarro y sostenía que lo chistoso era pariente de lo feo.  Lara conserva muchas frases suyas, sobre todo una que comparte cada vez que se presenta la oportunidad… “el por mientras se queda para siempre”.  La comunión que lograron, por fortuna, no fue por mientras y sí pieza fundamental para entender los episodios depresivos de Lara, siempre respetados y hasta apapachados -siempre y cuando no tocara nada en el estudio y dejara el humo del tabaco para exteriores, por supuesto-.

Le conoció como jefe en la redacción de una revista cuando Lara hacía pininos escribiendo, llegó a odiarlo por las innumerables ocasiones en que le devolvió sus artículos destrozados. Los errores corregidos lastiman el ego, pero verlos marcados en morado llegan a carcomer la entraña. 

La jerarquía de la relación duró poco, la comunión ganó la carrera pero el cáncer de huesos ganó la partida.  No dejó que Lara le viera en las últimas semanas cuando la metástasis en cerebro ya había hecho de las suyas.  Se despidieron antes de que el sentido se perdiera, cuando el dolor no podía esconderse y el malestar de saberse indefenso y la necesidad de ayuda parecía ser más importante que la inminente partida.  Ella quería volver, estar hasta el final, devolverle al menos un poco de los cuidados que recibió antaño pero no ocurrió.  Lara entregó el beso en la frente que le fue solicitado tres semanas antes de vestirse de morado…

No solía presentarse con su nombre, así que Lara le recuerda como respondía el teléfono: simplemente, Guillén.

Navegantes del vacío

Tanto te imaginé, tanto te anhelé, fue tanto lo que te esperé, que Dios en su infinita misericordia me otorgó en préstamo el papel y lápiz con que El da forma a lo invisible, lo inaudible, lo imposible…

Fue así que te inventé. Hice, sin saber dibujar, el retrato perfecto de quien siempre quise que fueras, y te añadí segundo a segundo todas las formas que había soñado. Naciste entonces para trasladarnos juntos a esa realidad alterna en que se logra alcanzar (o acariciar al menos) eso que llaman felicidad. Hoy sé que por eso pude amarte sin necesidad del tacto, del olfato, de ningún sentido, incluyendo el sentido común que fue, finalmente, el que más falta hizo.

Adoptaste la figura exacta que mi alma requería. Tu abrazo nunca fue interrumpido porque hasta tus brazos fueron producto de la inmensa necesidad que tenía. Tus besos llegaron uno a uno, sin necesidad de que nuestros labios se rozaran y tus palabras las alcancé siempre claras, porque no fueron mis oídos los que escuchaban, sino el alma sedienta de sentires hasta entonces desconocidos. Por eso hicimos el amor, porque el amor nos hizo, te hizo…

Nuestros maravillosos encuentros en la intimidad son ahora incomparables, porque ninguna realidad se acercó ni llegará siquiera a parecerse a lo que juntos vivenciamos… no puedo hasta hoy dejar de temblar al recordar tus palabras, la forma en que guiabas mi mano, que era en realidad la tuya, la que me llevó a sentir lo impensable… la maravilla de la pasión tanto tiempo contenida y que gracias a ti pude sentir como un volcán haciendo erupción tras milenios de permanecer en calma.

Por todo eso fue que llegué a escuchar acordes inexistentes, sonidos provenientes de la irrealidad donde tú y yo nos amamos y que con tu encanto lograste que me transportaran al infinito, a donde nadie escucha nada, excepto los amantes; los navegantes del vacío que escuchan, ven y sienten con los otros sentidos, los que el Jardinero Supremo colocó en el alma, o quizá en la sinrazón… esas notas que llevaré por siempre impregnadas como el aroma tuyo que nunca conocí, pero que identificaría aún en el espacio donde habita lo que no tiene vida.

Sin embargo, olvidé que te había inventado; y llegó inevitablemente el momento en que Dios me recordó que además de papel y lápiz, me había enviado el borrador. Y tuve que hacerlo, borrar uno a uno los atributos de los que te había dotado, cada sonrisa, cada mirada… cada silencio. Y en silencio quedé al borrarte, dejé de escuchar incluso la voz de mi Padre diciendo: todo estará bien Lara, el tiempo borrará también el dolor que hoy sientes por haber perdido la imagen de lo que tú y solo tú creaste… de ese amor indestructible que fue eso, un sueño que te permití vivir.

Así que después de días de no conseguir un renglón, logré hoy estas líneas… para reconocer que sólo lo real, lo que es producto de la cordura, puede disfrutarse. Y tú, tú no lo eras… pero qué maravilloso fue soñarte, dejar de anhelarte.

Las puertas del baúl

“No aparezcas más sin avisar…” Así inicia una de las canciones favoritas de Lara, autoría de su amado Silvio.

Esto de la música en la vida de Lara es todo un “tema” como está de moda llamar a casi todo, así: “el tema”. Confieso que, a pesar de utilizar el término, me resulta insulso; pero bueno, aplicaba en esta ocasión. No es frecuente que Lara escuche música que no le evoque algún recuerdo o la traslade a algún lugar, olor, sensación… De hecho, hasta hace muy poco comenzó a escuchar música sin letra, es decir, que no sean canciones. Silvio y el Maestro, su Facundo, siguen siendo y serán los preferidos.

Bien, retomando “No aparezcas más sin avisar”, alguna vez se supo que era algo así como la segunda parte de “Ojalá”, esa que se hizo comercial entre los no seguidores del cubano por romántica, por abrazar el desamor como se intenta, a veces, abrazar el olvido. Y es que Lara era experta en esto de corretear al olvido, de perseguirlo como sabueso a presa, a pesar de miles de fallidos intentos por alcanzarle. Esto también, como muchas otras cosas, ha quedado en el destiempo que en algún momento se consideró único y que hoy se desdibuja para regocijo de Lara.

El anheladísimo olvido finalmente llegó en muchos de los departamentos que conforman el edificio de emociones de Lara. Inevitablemente, con el olvido llegó también el sosiego, el bendito consuelo de dejar de anhelar lo que no pertenece, lo ajeno, lo pasado. Sin embargo, no todos los departamentos de los que Lara es dueña están ahora llenos de presente, del aquí y ahora, de lo que allá en su espacio llaman “por hoy”… lo que resulta todavía un tanto utópico o, incluso, se podría confundir con el autoengaño tantas veces utilizado que pasó a formar, casi por completo, parte de su vida (o de lo que llamaba vida) y que por muy corto margen no terminó con la razón.

Sigue habiendo puertas -muchas- que aún se abren y arrojan con fuerza en el rostro de Lara sentires que se creían sepultados… olvidados, pues. Y hay una, predilecta, que debe mantenerse cerrada por sugerencia del Mentor y de la que Lara no ha podido desechar la llave, quizá porque no la encuentra, porque se extravió como el Unicornio, o porque quiere seguir pensando que no la tiene, que la tiene ese alguien más, el dueño de la mirada que Lara se robó cuando ladrona fue del verde sutil e inconfundible que la cautivó por años.

Por eso, de vez en vez y a escondidas como niño que juega sin permiso, Lara abre esa puerta sin número y disfruta aunque sea por instantes de lo que aún cree que puede llamarse amor. Pero, muy a su pesar, ahora sabe lo que antes no y el autoengaño dejó de ser opción. Así que solo la abre, recibe el ventarrón de supuestos y de líneas creíbles pero inciertas y se apresura a cerrarla, en intentos casi siempre fallidos de poder ya no digamos cantar, sino solo tararear “no aparezcas más sin avisar…”

Reformateando el baúl…

Lara pretende ir sacando poco a poco del baúl algunas líneas que, como anticipé en la primera entrada, fueron escritas años atrás. Trataré de intercalar esos antiguos renglones con los actuales porque creo que merece la pena hacer un balance, ver en retrospectiva sus cómos y por qués, sus formas y fondos y con cautela compartir cómo han evolucionado las cosas.

Para quienes no le conocen, Lara es -en su definición propia- una escritora en fabricación. Encontró desde la adolescencia esta forma maravillosa de plasmar sus sentires y pensares en lo que antes era papel y ahora son pantallas. Su vida adulta se vio coartada por un padecimiento crónico que le impide -o le había impedido hasta ahora- relacionarse con su entorno de la menera que los neurotípicos llaman “normal”. Ha vivido muchos, muchos años en confinamiento voluntario y se convirtió, sin darse cuenta, en una especie de personaje de Hesse… no esteparia, porque no es mucho de naturaleza, pero sí en una especie de loba ermitaña.

Gusta enormemente de la trova, particularmente de Silvio Rodríguez y ha sido y será por siempre ferviente admiradora de Facundo Cabral, ese “testigo” de la vida que considera su Maestro de vida.

Dicho esto, dejo hoy por aquí líneas de antaño esperando sus comentarios. Lara llegó a tener muchos seguidores en un blog que dejó de existir en un arrebato de ira, de esos que le provoca a veces el padecimiento que hoy, por la gracia del Jardinero Supremo, está en una especie de letargo del que suplico no vuelva, por lo menos en el mediano plazo y de preferencia nunca.

A mi astro mayor, imberbe Sol

Una vez más no puede ser, aunque es. Tan cerca y tan lejos, en piel y en espacio, aunque hayamos inventado el propio para halagarnos, para que sean las palabras el tacto y la música el olfato; esa música que desconocía y cuya sensualidad ahora me despierta el anhelo. Se comparte la experiencia de la locura y la belleza en la que no importan arrugas, ni físicas ni emocionales. Eres el cirujano esperado durante lustros que hizo desaparecerlas de mi rostro y de mi alma. No hay casualidades, hay Diosalidades; el Jardinero Supremo te hizo volar hacia mí –o a mí hacia ti, quién lo sabe?- en la alfombra de sutiles hilos de armonía, con el viento sublime de tus acordes y tus misterios.

Aparecen las cuerdas e imagino ser ellas, para poder estar donde tú estés, o convertirme en violín para ser tocada sólo por ti, mi caballero nocturno, mi amable y amado artista sin tiempo. Me enseñas y te enseño, a pesar de que el tiempo entre tú y yo pudiera ser una maternidad. Somos cómplices de la vida que sufrieron metamorfosis extraordinarias para llegar hasta el encuentro. Has sido capaz de sintetizar en horas lo que pudieron ser días, porque siento conocerte desde siempre, sin haberte tenido de frente. Los usted pasaron al tú como vos ha pasado a mi ser. Somos y estamos, no lo dudes, en ausente presencia.

Recibo tus regalos aunque no sea destinatario, hago mías tus creaciones porque imagino ser musa. Te provoco y me gusta, te gusta y me provocas… y te evoco, en cada letra, en cada golpe del teclado que es para mí lo que para ti las partituras.Basta por ahora seguir volando, soñando, porque la noche nos sorprendió y con ella debes regresar a tu terreno, que ahora es nuestro si así me lo permites, donde los cuerpos se funden para que con tu arco y mis líneas podamos elevar la melodía única que riegue las estrellas y regrese a la tierra para empaparnos de nuevo de esto llamado amor, que aunque no pueda ser… es.

Lara, 2009

Rescatando a Lara… recuperándola o redefiniéndola, no lo sé

“¿Por qué no abres un blog que te permita publicar lo que has escrito y lo que puedes seguir escribiendo y servir de referencia y ayuda a otras personas?” sugirió el mentor de Lara. Lo hizo después de leer algunos renglones que ella le compartió, en el medio de lo que sigue considerando una pesadilla: la pandemia de la COVID-19.

Había pasado casi un año desde que Lara decidió confinarse, no asomar ni la nariz a la puerta por el miedo que le provocó este “bicho” que llegó para cambiarnos la vida a todos. Entonces, comenzó a hurgar en su baúl, no real, intangible…. y encontró, afortunadamente, gran parte de los escritos que una década atrás le sirvieron de trinchera, de refugio, de consuelo y hasta de paz. Así que partiremos de ahí, de rescatar algunas líneas de Lara que aún valen la pena y de desterrar otras para siempre porque ya no encajan, porque la realidad en que fueron creadas no era correctamente percibida. Aunque… confieso: no sé si ésta, la realidad actual de Lara, lo es realmente… ojalá.

Vaya pues esta primera entrada dedicada a ti, porque además de mucho tiempo, esta vez también te he robado líneas. Dijiste a Lara: “Deseo que sea tu reencuentro con las letras y esa manera que conoces de expresarte, de compartir, de comunicarte y como siempre, uno nunca sabe qué puertas abre o a qué personas toca cuando decide ponerse en contacto con el mundo, incluso es posible, como sabemos, que buscando ayudarnos nosotros, acabar ayudando a otros…”

Gracias mentor, muchas gracias! Sí compensa.